Hace unos días revisé el currículum de una licenciada en ciencias de la comunicación.  Vaya sorpresa.

Su documento no lucía como el de una comunicóloga: era sobrio en exceso, llano en color, cero atractivo. Podría asegurar que un profesionista que poco o nada se relaciona con áreas creativas ─un actuario, tal vez─ hubiese hecho uno mejor si se lo propusiera.

Voy a esto: currículum que no vende profesión en su imagen es un mal comercial de su propietario. La regla impera: como te ven te contratan.

Cito ejemplos para ilustrar:

  • Un diseñador gráfico que hace su CV en Word demuestra el bajo dominio que tiene de la paquetería Adobe;
  • Un periodista cuyo CV rebasa las dos cuartillas refleja su poca capacidad de síntesis;
  • Un community manager que no tiene perfil en LinkedIn y que sus trabajos no aparecen en Internet no existe;
  • Un ingeniero que tiene un CV con contenido mal jerarquizado demuestra que el orden no es una de sus cualidades.

El currículum debe demostrar en su aspecto lo bien que hacemos lo que hacemos. Hay que recordar que el reclutador dispone de poco tiempo para leer e impresionarse por un currículum, así que sólo nos queda dejar que el CV hable por sí mismo.

Antes de que envíes tu currículum a probar suerte, revisa si éste proyecta una buena imagen de tu oficio.

Editor: Francisco Gonzalez Delgado

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