Del latín invidĭa, la envidia es el deseo de obtener algo que posee otra persona y que uno carece. Se trata, por lo tanto, del pesar, la tristeza o el malestar por el bien ajeno. En este sentido, la envidia constituye el resentimiento (el sujeto no quiere mejorar su posición sino que desea que al otro le vaya peor).

A lo largo de la historia la envidia ha estado muy presente en las diversas culturas. Buena muestra de ello es la cultura griega y también la romana que apostaron incluso por hacerla muy presente en sus diversas obras artísticas. Así, la han llegado a representar como una anguila o bien como la cabeza de una mujer mayor llena de serpientes.

Es interesante resaltar que además los griegos utilizaban la expresión “mal ojo” para poder definirla. Tan poderosa la consideraban que intentaban proteger a sus hijos de aquella y lo hacían aplicándoles en la frente el lodo que encontraban en el fondo de los baños.

Se trata de una preocupación que actualmente hoy día se mantiene en otras muchas culturas, lo que supone que para evitar a ese mal de ojo, el daño que alguien le pueda desear a otra persona por envidia, se hacen usos de pequeños amuletos que supuestamente la “espantan”. Este sería el caso de un colgante que es una pequeña maño de color negro.

La envidia puede surgir cuando hay una escasez de objetos materiales o cuando dichos objetos son muy difíciles de obtener. Por lo tanto, quienes los poseen son envidiados por los demás. Por ejemplo: “Tengo un coche de lujo y una mansión en la playa, ya se que soy la envidia de mucha gente”“Me mata la envidia de saber que Jorge se pudo comprar una casa nueva y yo todavía tengo que alquilar”.

El catolicismo considera a la envidia como uno de los sietes pecados capitales, ya que supone la fuente de otros pecados. El envidioso desea tener algo a costa de privar a otra persona de dicha posesión.

La lujuria, la gula, la pereza, la avaricia, la soberbia y la ira son los otros pecados capitales que completan la lista que confeccionó el Papa San Gregorio Magno durante su pontificado entre los siglos VI y VII.

Esta doble condición de desear algo que no se tiene y pretender obtenerlo a partir de lo que otro tiene hace que la envidia cause infelicidad y dolor a aquel que experimenta el sentimiento. El envidioso no se conforma con obtener algo, sino que quiere producir mal a la persona que tiene lo que él envidia.

La psicología afirma que la envidia es un sentimiento que se niega tanto ante terceros como ante uno mismo. El envidioso desea ocultar su envidia y resulta poco frecuente que la asuma, ya que supone la aceptación de una carencia.

Además de todo ello nos encontramos con el hecho de que existen una serie de locuciones adverbiales que hacen uso del mencionado término que nos ocupa. Este sería el caso de “comerse alguien de envidia”, que se usa para expresar que una persona está completamente envidioso de algo o de alguien.

 

Editor: Francisco Gonzalez Delgado

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