Uno de los derechos fundamentales de los empleados es la imagen del trabajador,  un concepto sobre el que merece reflexionar un poco en el marco de los recursos humanos de cualquier empresa. Especialmente hoy en día, cuando la imagen es algo tan preciado por la cantidad de medios de comunicación abiertos donde la privacidad se difumina con facilidad.

Cuando hablamos de la imagen propia, nos podemos estar refiriendo a diferentes aspectos concretos que se unen en un derecho reconocido por la ley.

Hoy nos centramos en analizar a través de algunos ejemplos reales, el derecho a la libre elección del aspecto físico de los trabajadores y la libertad de los empleados de pedir que su imagen no sea usada por el empresario. ¿Qué límites existen en cuanto al tratamiento de la imagen del trabajador? ¿Por qué en algunas ocasiones el uso de la imagen puede convertirse en una intromisión ilegítima? Esta y otras preguntas serán respondidas a continuación.

La libre elección del aspecto externo como parte fundamental de la imagen del trabajador

Pongamos un ejemplo para explicar esta aplicación del derecho fundamental de todos los trabajadores:

Un trabajador del sector de la hostelería es obligado a afeitarse la barba por parte de su empleador. Para el empresario, la imagen del negocio se veía perjudicada por la barba del trabajador y si no se la quitaba, corría peligro el puesto de trabajo. Durante diversas ocasiones se le reiteró al trabajador la necesidad de hacer caso del pedido del empresario, aunque este no quiso hacerlo. Ante la continua negativa del empleado, el empresario decidió despedirlo.

En este caso, el tribunal admitió que se limitaba el derecho a la imagen del trabajador de manera directa y el pedido del empresario, pero esto tenía una causa justificada ya que (y citamos palabras textuales de la sentencia) “apreciando como hecho probado el uso local en el sector de hostelería de que los empleados que tengan contacto con los clientes deben permanecer afeitados, consideró legitimado al empresario para dar dicha orden y procedente el despido por el reiterado incumplimiento del trabajador”. Esto quiere decir que, en este caso concreto, el empresario tenía la razón.

Pero no siempre es así ya que hay otras sentencias similares (empleado con barba) donde el tribunal ha dado la razón al empleado añadiendo que, si se trata de una barba aseada y ordenada, no existían razones válidas para el despido.

El uso de la imagen del trabajador por parte del empresario

Imaginemos que un trabajador que cubre la posición de Chef de altura, debe comparecer en un acto público (un evento de gastronomía, por ejemplo) que se retransmitirá por televisión o internet. Esto quiere decir que su imagen será difundida y vista por cualquiera, lo que, a muchos implicar un gran disgusto. En este caso, el trabajador se niega a hacer su trabajo de chef porque no le apetece que su imagen sea difundida de esa manera y van a juicio este y el empleador.

El tribunal considera en este caso, que sí se está vulnerando directamente la imagen del trabajador y su derecho fundamental ya que esta no es su tarea habitual y no se puede justificar la necesidad de su presencia en el acto público en cuestión. No consta explícitamente en su contrato que el trabajador deba exhibir sus habilidades en la promoción de la marca o de los productos de la empresa, ni que sea imprescindible que lo haga, por tanto, se da la razón al trabajador y no se difunde su imagen.

Estos dos casos son bastante más comunes de lo que se puede imaginar. Los intereses de los empresarios y de los trabajadores no siempre coinciden y por tanto, resulta importante la labor del departamento de recursos humanos como ente de mediación para evitar llegar a los tribunales. Claramente, además del sentido común, debe existir una base legal que simplifique dicha mediación.

Editor: Francisco Gonzalez Delgado

Blog ESPACIO LABORAL

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