Para quien ha trabajado con turnos rotativos, seguramente no sea sorprendente escuchar que no es nada fácil complementar estos con los ritmos naturales de nuestro cuerpo y de nuestra vida en sociedad. Esto tiene una explicación científica: los seres humanos tenemos unos ritmos llamados ritmos circadianos que regulan varios aspectos de nuestra vida, incluido el ritmo de sueño y vigilia, tan importante cuando la empresa decide implementar los turnos rotativos. Hoy dedicaremos este espacio a profundizar en ello.

Implementar los turnos rotativos: ¿Sí o no?

 Todos los seres humanos tenemos un reloj interno que se sitúa en nuestro cerebro y para ser más exactos en el hipotálamo. Este reloj corporal regula nuestros ritmos corporales cada día. Circadiano es el nombre del periodo de la mayoría de dichos ritmos y se llama así justamente porque dura “cerca” a un día; además, este ciclo se sincroniza con la verdadera duración de nuestros días según la salida del sol y la puesta. Esto nos ayuda a poder descansar de noche y estar despiertos de día.

Existen otros ritmos interesantes en nuestro cuerpo, relacionados con la temperatura, el cortisol (hormona del estrés) y la melatonina (la que nos ayuda a coger sueño). Durante nuestros periodos de 24 horas, el cuerpo sabe a qué hora debe descender la temperatura del cuerpo para dormir y automáticamente alcanza mínimos cuando desciende la tasa metabólica durante la noche. El cortisol alcanza sus mínimos durante las primeras horas de sueño y luego empieza a aumentar hasta alcanzar su pico cuando nos despertamos.

Esto explica porqué cuando nos despertamos sin haber dormido suficiente, nos podemos sentir más estresados. ¿Qué pasa, pues, cuando hablamos de turnos rotativos? Se ha demostrado que el trabajo por turnos o con horarios rotativos comporta elevados registros de cortisol en la sangre y esto, lamentablemente, interfiere con la salud de las personas de manera sorprendente. Decimos “lamentablemente” porque incluso aquellas personas que dicen preferir trabajar así, están expuestas a dichos peligros.

Por otro lado, hemos mencionado la melatonina o la hormona que nos facilita el sueño. Esta hormona, siguiendo con nuestros ritmos naturales, empieza a aumentar cuando cae la tarde, para prepararnos poco a poco al sueño y alcanza su máximo nivel durante la noche. Luego, cuando ya vamos a despertar, empieza a descender. Recordamos que la temperatura baja cuando vamos a dormir y por tanto, si dormimos cuando el cuerpo nos “ayuda” a hacerlo, el sueño es mejor, más profundo y reparador. En cambio, cuando no es así, es muy difícil conseguir un buen descanso.

Ahora bien, no para todo el mundo los ciclos son exactamente iguales. Por ejemplo, existen muchas personas que prefieren descansar desde la medianoche hasta las ocho, otras que son más matutinos y prefieren dormirse temprano para amanecer antes o al revés. Las personas que son más matutinas tienen entre 1 y 4 horas más avanzada la temperatura corporal; en el caso de las personas con ritmos más nocturnos, en cambio, sucede exactamente lo contrario. Estas costumbres pueden impactar directamente en varios aspectos, entre los cuales se encuentra: cuándo para cada  uno es el momento de máxima alerta; para las personas matutinas, su momento de máxima alerta (máximo nivel de cortisol y baja melatonina) se produce por la mañana temprano y para los vespertinos, en cambio, durante la tarde noche.

Cuando trabajamos por turnos o cuando se trabaja de noche, el sistema que regula todo esto no se adapta fácilmente. Al aparecer esta desincronía, se deteriora el ciclo de sueño y vigilia y esto puede traer duros problemas de salud y el deterioro de la calidad de vida.

Entre el 20 y 25% de personas que trabajan con turnos rotativos ven dañada su salud notablemente por este motivo. Principalmente, hay alteraciones del sueño, hábitos de alimentación deteriorados, problemas inmunitarios, cardiovasculares, deterioro del rendimiento, mayor accidentabilidad, interferencia con la vida familiar y social, etc. Sin embargo, los vespertinos se suelen adaptar mejor y pueden llegar a acostumbrarse sin demasiado problema. Pero existe una importante necesidad de organizar bien el trabajo por turnos considerando todo esto e intentando evitar que las personas que tienen mayor riesgo de sufrir por ello, sean quienes deban trabajar bajo estas condiciones (mayores de 45 años, sedentarios, con problemas psicológicos como ansiedad, personas con IMC alto etc.)

Editor: Francisco Gonzalez Delgado

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