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Después de haber incursionado en más de cinco empleos, es difícil acordarse a detalle del número uno, aquél que nos dio el primer sueldo ─que tuvo la virtud de rendir como un domingo─, y que nos reveló e integró en otro estrato de la sociedad: la clase trabajadora.

En el primer trabajo se aprende lo que en la escuela se vio por la superficie: a trabajar en equipo, a proponer y a implementar ideas, a organizar las horas y los días de la semana (porque cada uno vale oro), el servicio al cliente, a cerrar ventas,  atender a proveedores, a administrar un presupuesto y etcétera. Y si lo anterior no se aprende en el primer empleo, se aprende a la fuerza en los subsecuentes; eso es una ley.

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