Empleabilidad es un concepto que surge a finales de los años noventa y hace referencia al potencial que tiene un individuo de ser solicitado por una empresa para trabajar en ella.

El término se encuentra recogido en el Diccionario de neologismos en línea, en el que figura definido así: empleabilidad f. Capacidad de sintonizar con el mercado de trabajo, de poder cambiar de empleo sin dificultades o de encontrar un puesto de trabajo.

Es aquella persona activa en su propia búsqueda de empleo, que obtiene sus herramientas para perseguir su empleo, ser empleable.

El término ”’empleabilidad”’, es la capacidad de una persona para encontrar empleo o mejorarlo si ya lo tenemos, de la forma más rápida y en las mejores condiciones posibles. Los factores que influyen pueden ser: – Formación – Experiencia – Cualidades – Actitudes personales

Esta es una palabra que me gusta poco o nada: empleabilidad.

Porque parece que implica que las personas somos 1) “cosas que se emplean” y 2) que hay gente que no lo es.

Y salvo casos extremos -excepciones que hay a toda generalidad-, a priori todo profesional es empleable (aunque a menudo no sintamos así!)

Otra cosa es dónde y cómo esté tratando de ser empleado

Lo que ocurre es que el mercado laboral está cambiando profundamente (ya se habla de la cuarta revolución industrial, cuando no nos ha dado tiempo ni de terminar la tercera!!), tanto en la demanda de profesionales como en la relación de las empresas con éstos… pero una gran mayoría de profesionales no se están adaptando a estos cambios.

Que la situación del mercado claramente se ha complicado mucho y está cambiando radicalmente con respecto a lo que conocíamos, eso lo sabemos.

Que cada vez más puestos de trabajo desaparecen porque se automatizan, mecanizan o robotizan, es imparable. Y yo entiendo que la tentación es demonizar este cambio porque está suponiendo pérdidas de puestos de trabajo, pero la realidad es que esto no es más que un ciclo como fueron los anteriores – como fueron las revoluciones industriales anteriores, ciclos de cambio profundo donde unos trabajos se pierden, pero otros se ganan.

Y si no, fíjate en estos datos:

Sólo hace poco más de 10 años que existen las redes sociales

Y 10 años antes de su aparición, aún no existía la Web

Es decir, que si trabajas programando páginas web, en temas de marketing digital, o en la industria de los teléfonos móviles, tu trabajo no existía hace 20 años.

Del mismo modo, no tenemos ni idea de qué trabajos va a haber dentro de 10 años – ahí tenemos la inteligencia artificial, el big data, la nanotecnología, la robótica y otra serie de ecosistemas y factores socio-económicos que ya están creando nuevas profesiones y requiriendo de nuevos profesionales pero no tenemos ni idea de lo que está por venir.

Si hoy nos puede parecer surrealista que haya estudiantes que se paguen la carrera paseando los móviles de otros para cazar Pokémons, imagínate lo que pensaría alguien hace 100 años si le dices que los profesionales mejor pagados de este siglo son… unos tipos en pantalón corto corriendo detrás de un balón.

El problema del cambio tan grande que estamos viviendo… es el periodo de transición. Para todos aquellos profesionales cuyo conocimiento se ha quedado (o se está quedando) obsoleto, que se tienen que enfrentar a las nuevas demandas de conocimiento de las empresas, el momento es muy complicado. ¿Cómo nos preparamos para mantenernos relevantes, empleables y valiosos en todo momento?

Pues en un mundo en el que vemos que se demandan nuevas habilidades tan rápido como otras se dejan de necesitar, hay dos claves que los profesionales debemos tener en cuenta:

UNO: la empleabilidad va a dejar de depender de lo que ya sabes para pasar a depender de lo que eres capaz de aprender. Antes alguien era arquitecto, abogado, ingeniero, vendedor o empleado de banca; ahora hay social media managers, expertos en big data, diseñadores IU/UX, especialista en cloud services, community managers, programadores de aplicaciones móviles, técnicos energéticos. Los trabajos son cada vez más abstractos y se estudian de manera autodidacta (la demanda de servicios siempre es previa y más rápida que cualquier centro de estudios!).

DOS: flexibilidad va a ser la palabra clave. A veces será un trabajo por cuenta ajena a tiempo completo la mejor opción para ti, pero en otro momento tal vez lo sea trabajar como freelance una temporada o incluso de manera gratuita en el interim.

Esto requiere de nuestra adaptación. Nuestro sitio en el mercado deja de ser el de “buscadores de empleo” y debemos pasar a vernos como consultores de nuestro propio servicio: Yo, S.L.

¿Y por qué consultores? Te voy a dar dos sencillas razones:

PRIMERA: pregúntale a un consultor qué problema concreto soluciona y cuánto dinero le puede generar a su cliente, y te lo dirá de memoria y de carrerilla. Sabe el valor de su trabajo hasta en céntimos.

Sabe que un cliente le contrata porque tiene un problema o necesidad, y él pueden demostrarle con seguridad que es la persona adecuada para solucionar ese problema o satisfacer esa necesidad.

SEGUNDA: un consultor debe estar constantemente actualizando sus conocimientos y sus servicios. Debe estar al día y ofrecer a sus clientes las novedades y mejoras que se van incorporando al mercado ya que en caso contrario, sus clientes buscarán consultores más al día, más desarrollados, más actualizados.

Si queremos mantenernos relevantes y “en demanda” en el mercado, los profesionales debemos ponernos las pilas y adoptar esta mentalidad.

No podemos limitarnos a entrar en una empresa y acomodarnos. No podemos esperar a que se encarguen de nuestra carrera y que nos mantengan el trabajo cuanto tiempo nos interese.

Esta es una mentalidad ya obsoleta, una visión paternalista de la empresa que es, francamente, una fantasía.

En el momento en que hacemos esto, nuestra carrera se estanca. Dejamos de aprender, de mantenernos actualizados, dejamos de adaptarnos. Y eso significa que nos estamos poniendo en MUY serio peligro – significa que estamos dejando de ser “empleables”.

Y nadie va a perder ni un minuto de sueño por tu carrera o tu empleabilidad.

Es imperativo tomar control de tu camino profesional y empezar a ser mucho más estratégico para asegurarte que te mantienes relevante en el mercado y que tu conjunto de competencias, habilidades, conocimientos y potencial se mantienen “en demanda” en el mercado hoy y en el futuro

Esto supone empezar por:

UNO: Tener claro qué problema o necesidad resuelves tú en este momento para las empresas y de qué manera esto repercute en la cuenta de resultados de la empresa.

Debes definir y ser capaz de comunicar tu propuesta de valor. Ahí es donde reside tu verdadero poder – no en la lista de puestos que has ocupado, ni siquiera en cuáles son sus habilidades –; si eres capaz de articular de qué manera generas o ahorras dinero para la persona que te puede contratar, le demostrarás al contratador que entiendes su dolor y que eres capaz de solucionarlo.

DOS: Estar continuamente maximizando ese valor – a base de mantenerte actualizado, adaptado, competitivo.

Ya nadie te va a pagar por tu titulación – un título universitario ha pasado a ser un requisito mínimo como lo podía ser hace años tener el bachillerato.

En un momento en que la educación informal está más accesible que nunca, ya no hay excusas para no estar actualizado y saber cómo hacer casi cualquier cosa.

A la postre, el cambio de paradigma más claro es este:

Esa seguridad que antes encontrábamos en un puesto de trabajo, ahora la tenemos que generar nosotros mismos

…en nuestra forma de gestionar nuestra carrera, nuestra propia marca profesional y nuestra empleabilidad futura.

¿Tú lo estás haciendo así? ¿te lo has planteado de esta manera o te das cuenta que sigues con una mentalidad que se ha quedado anticuada? Me encantará que me lo cuentes. 

Editor: Francisco Gonzalez Delgado

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