Estamos acostumbrados a oír que amigos o conocidos se mudan a otras ciudades por cuestiones de trabajo. Londres es un clásico entre los españoles. Pero siempre, cuando alguien se muda a otro sitio, siempre es a una ciudad, ninguno nos dice que se muda a un pueblo pequeño.

Imagina por un momento que ese trabajo de condiciones magníficas que te ofrecen para irte a otro sitio fuera para irte a un pueblo de apenas un centenar de habitantes. ¿Aceptarías?

Para empezar, podemos decir que los gastos por vivir allí iban a ser muchos más bajos que si estuvieras en una gran ciudad. La vivienda, por ejemplo, sería más barata. También gastarías menos probablemente en ocio. Y la cesta de la compra sería bastante menos cara. Hasta aquí parece que son todo ventajas, ¿no?

Ahora te preguntarás qué tipo de trabajo sería. Al margen de todo lo relacionado con actividades agrícolas o ganaderas, hay otros empleos que tienen mucho que ver con los pueblos.

Por un lado, todo lo relacionado con el turismo: casas rurales, actividades en el campo, deportes, etc. Se trata de un sector que mueve mucho dinero y han sido muchos ya los emprendedores que han decidido abrir negocios de este tipo en un pueblo (las despedidas de soltero, por ejemplo).

Ejemplos de éxito hay muchos, como el de los dueños de El Caserío de Fatás, en Jaca, que abandonaron la ciudad para montar su propio negocio rural relacionado con el turismo.

Otra alternativa para irte a vivir a un pueblo es el teletrabajo. Si tu actual trabajo te permite hacerlo desde cualquier sitio, ¿por qué no iba a ser ese sitio un pueblo pequeño?

Pero las iniciativas para tratar de convencer al personal de que vuelva a los pueblos llega también desde los propios municipios, que ven como poco a poco quedan deshabitados y tienen que llevar a cabo medidas para frenar esa sangría.

Desde facilidades en la adquisición de un vivienda hasta alquileres baratos pasando por impuestos más bajos o mayor agilidad en lo que a licencias se refiere, los ayuntamientos se ponen las pilas para revertir ese proceso de éxodo rural que comenzó a finales de los años 50 y que sigue ahogando a nuestro campo.

Llaman la atención casos como el de Kaitangata, en Nueva Zelanda, que tiene 800 habitantes y mil puestos de trabajo por cubrir, y a cuyo alcalde no le ha quedado otra que pedir ayuda al exterior y, a la par, ofrecer condiciones ventajosas a aquellos que quieran mudarse a Kaitangata. Esta oferta consiste en casa y tierra a muy buen precio. Se trata de empleos relacionados con el sector primario, es decir, empleos de agricultura y la ganadería.

En el caso de México, el éxodo a las grandes ciudades es un hecho constante, los jóvenes estudian en las escuelas mas cercanas de su comunidad y para poder continuar sus estudios en niveles superiores deben mudarse a las cabeceras municipales o estatales, tras ver pasado varios años fuera de casa la mayoría prefiere quedarse en sus nuevas ciudades que regresar a sus localidades, esto aunado a la falta de oportunidades en el sector rural del país.

Otro fenómeno vivido en México es el de la migracion, aquellos jóvenes que deciden no estudiar o que sus medios no se los permiten, toman la decisión de mudarse a ciudades como tijuana, o de plano al extranjero, donde por los salarios pueden tener una mejor calidad de vida y ayudar a sus familiares.

Realizar un cambio de residencia, dejar tu ciudad de origen, tus tradiciones, amigos y recuerdos por irte a buscar nuevos horizontes y oportunidades de vida puede ser una decisión de superación o de aventura, sin embargo en nuestro México estas decisiones se tienden a ser mas que nada un medio de subsistencia debido a la realidad que impera en la mayoría del país.

Editor: Francisco Gonzalez Delgado

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